El café más caro del mundo, el Kopi Luwak, se vende en cafeterías de Nueva York por 70 dólares la taza en un restaurante (Doscientos diez mil pesos Colombianos) , y la clave del precio, según expertos, está en su origen: los excrementos de la civeta, un mamífero de apariencia felina.  La  CIVETA  tiene la cola larga como los monos, marcas faciales semejantes a las de un mapache y el cuerpo cubierto de franjas o manchas. Desempeña una función importante en la cadena alimentaria, pues se alimenta de insectos y reptiles  y frutas como los grano del café  y mangos, y a su vez, es alimento de leopardos, serpientes y cocodrilos.

Querido por su aroma  con reminiscencias terrosas y su suave sabor, el Kopi Luwak proviene de las semillas de café que han sido ingeridas y defecadas  por ese animal que habita en las selvas asiáticas.  Las semillas se recogen luego manualmente de las heces, se seleccionan y limpian cuidadosamente, y se tuestan como cualquier otro grano de café. Este proceso, que comenzó como algo primitivo y ha terminado por llegar  a los gustos más sofisticados, tiene lugar en las islas indonesias de Sumatra, Java y Sulawesi, así como en Filipinas, Vietnam y algunas zonas del sur de la India. El Kopi Luwak se vende principalmente en Japón, pero en Estados Unidos son cada vez más los restaurantes que lo sirven. Los amantes de lo exótico ya lo compran por entre 150 y 300 dólares la libra (454 gramos) a través de sitios especializados de internet, que lo describen, como ningún otro café.

Más allá del curioso recorrido de los granos de café antes de ser tostados, la parte menos divertida de la historia tiene que ver con la civeta. Aunque tradicionalmente ha vivido en libertad y tocaba recolectar sus codiciados excrementos repletos de granos de café, las granjas de civetas en las que estos pequeños mamíferos malviven se han convertido en algo habitual en la producción de este café. Algo que llevan años denunciando diversas organizaciones (Wildlife Conservation Research Unit – World Animal Protection)  y las condiciones que se han visto no dejan lugar a las dudas del sufrimiento de estos animales.

Condiciones de cautiverio (Conejeras), animales intoxicados por el exceso de cafeína, pisos de alambre, agua no potable, ruido de los visitantes ya que son animales nocturnos, desnutrición entre otros por su dieta sólo a base de café.

¿La solución? Aunque podamos permitirnos este pequeño capricho cafetero, los expertos -y el sentido común- animan a evitarlo. Seguro que hay cafés igual de buenos -o más- y menos crueles. El fin no justifica los medios.